lunes, 5 de enero de 2009

Visiones y ternuras

Hace algunos años, en un viaje a París, ocurrió este suceso que os voy a contar y que se convirtió en un cuento de los que terminan con puntos suspensivos, como esos finales abiertos de las buenas narraciones que no quieren pontificar, aleccionar ni formar con un final, feliz o no, que no sería más que el golpe definitivo de autoridad de un autor, dios omnipresente, que lo sabe todo, lo puede todo y lo controla todo.

Durante mi estancia en París acudí junto a unos amigos a una interpretación del Réquiem de Mozart en la Sainte Chapelle. ¿Qué decíos de la Saint Chapelle? ¿Qué decíos del Réquiem? Ambas cosas juntas prometían ser impresionantes, así que con ese espíritu abierto a la impresión acudí yo al evento.

La obra fue interpretada por un coro y orquesta de estos que se dedican a interpretar conciertos para turistas, aunque, no obstante lo que se suele encontrar por ahí, su calidad era muy encomiable. No así la del público, nosotros, que éramos turistas del montón, porque los que no lo son, del montón, se llaman viajeros.


(No he podido encontrar un video de la Sainte Chapelle y menos con alguna interpretación del Réquiem, pero he encontrado ésta que os pongo, dirigida por Karl Böhm, que parece ser tiene la particularidad, aparte de su exquisitez, de tener un ritmo algo más lento de lo normal, con lo que la pieza cobra más profundidad si cabe)

La capilla se fue abarrotando de gente simpar que parecía más dirigirse a contemplar un espectáculo popular (ya fuera una suelta de vaquillas o la quema de alguno de esos horrendos monumentos de poliespan) o incluso deportivo y también popular. Pero, claro, para popular el réquiem de Mozart y para popular, su uso lo delata, la Sainte Chapelle, o ¿qué función tiene, si no, este espectacular santuario de mitad del siglo XIII que no sea la de acoger miles y miles de turistas deseosos de poseer en poco tiempo cientos de años de historia? Todo lo que se puede comprar es popular.

Ya estábamos todos asentados (que no acomodados): francesitos de provincias que nos miraban (a los turistas genuinos) con su poquito revirado de chauvinismo francés, eslavos de todas la rusias vestidos a lo saturday night fever de verano (esto sucedía en julio, justamente un día después de la muerte de Marlon Brando), españoles siempre a medio camino entre el ser y el estar, ingleses todos metidos para dentro y, dios mío: había italianos, multitud de italianos en formato familiar con multitud de hijos, esposas y demás familia política al más puro estilo neorealista, llenos de cachivaches para el viaje y coca-cola, muchísimas botellas de coca-cola de litro y medio, muchísimos paquetitos de plástico que rasgar y muchísimos comentarios en voz alta que llevaron mi espíritu profundamente concienciado para la mitificación de música y espacio a la desesperación de mi cruda realidad de turista del montón.

Era evidente que yo era uno de ellos, pero intentaba por todos los medios abstraerme de lo absoluto concreto que suponía mi estar allí en ese lugar. Imagino que cada uno de ellos, de los otros, estaba en ese mismo momento intentando el mismo ejercicio de abstracción (sería muy duro la invasión de ese espacio con la intención de escuchar algo como el réquiem sin un mínimo esfuerzo de alejarse de la simple realidad que aquello era poco más o menos la misma feria que inventaron siglo y medio antes los hermanos Lumière), pero os aseguro que en conjunto no lo conseguían.

Imaginaos cual fue mi sorpresa, y salvación, cuando en uno de los giros nerviosos de mi cuello descubrí unas tres o cuatro filas más atrás, justamente detrás de una de esas familias de italianos bullangueros, una pareja impecablemente vestida, talmente como si fueran a la ópera (de París). Eran un hombre y una mujer, ambos de mediana edad, ella podría tener entre 38 y 42 años y él quizás un poquito más. Desde el momento en que los vi ya no pude sustraer mi atención de ellos, así que con un precario disimulo me abstraí en ellos de mi pobre condición de turista alienado y no dejé de preguntarme ni un momento qué hacía esa pareja tan completamente diferente al resto allí.

Me pregunté muchas cosas más, me imagine muchísimas más. Me llamó mucho la atención la actitud que tenía el uno para el otro. Comentaban entre ellos de forma queda y atenta, se miraban con caricias, con una atención cuidadosa y sabia que mecía la mirada del otro con esa protección desenvuelta con la que algunas madres ven jugar a sus niños en el parque. La mujer era muy bella, de rasgos orientales y unos labios pintados de rojo que me recordaron otros rojos, de labios. Su pelo era claro, seguramente tintado, y sus ojos me miraron distraídos, como sin verme, durante alguna fracción de segundo. Yo disimulé como pude mi vigilancia, pero no podía separarme de aquel embeleso que me provocaban sin darse cuenta de mi existencia aquellos dos seres, tan extraños a lo que les rodeaba, tan vestidos y puestos para consumir esa gloria que es el Réquiem como si estuvieran bajo las lámparas de la Ópera de Garnier y no rodeados de nuestra horda de ávidos consumidores de postales. El hombre tenía una apariencia muy distinguida, un poco distraída y, es posible que esto fuera cosecha mía, bondadosa. Su pelo era completamente blanco, pero su semblante aún mantenía vivos los brillos de una juventud pausada, conocedora, relajada, que parecía disfrutar de lo que tenía con la lejanía suficiente como para no sentirse dueño, ni esclavo, de ello. Iba vestido de impecable traje de chaqueta con corbata burdeos que le hacía juego con una mirada que a veces me pareció un poco metida para dentro. En un momento la mujer le acarició la mejilla y yo creí morir de celos; no de ella, de ella en ese momento, y en todos los posibles, sólo podría sentir envidia, sino de otra caricia en mi mejilla en una escalera mecánica del metro, de otra ciudad, de otros tiempos. Allí estaba yo, mirón invasor de las caricias que había perdido, pero ni siquiera existía para ellos, que no reparaban en mi admirado y un poco ensoñado mirar. Posiblemente nada hubiera despertado mi atención si ella no hubiera sido guapísima, si ambos no hubieran sido tan especialmente distinguidos, si no hubieran contrastado tanto con lo que les rodeaba; pero os aseguro que mi atención no hubiera durado más de lo habitual si ellos no hubieran atesorado todas estas características.

El coro y los músicos irrumpieron en el sagrado espacio y los italianos, españoles y demás representantes del bajo pueblo consiguieron simular un silencio inquieto dominado por los primeros compases del Réquiem (Dales el descanso eterno, Señor); yo, muy a mi pesar, tuve que girar mi cuello y dejar de verlos, de imaginarlos, mientras esa bendita música me hacía olvidar mi condición de eterno aspirante y perpetuo condenado a lo que soy. Creo que fue el Réquiem más amoroso que nunca he oído, por lo que yo había perdido y por lo que veía que otros tenían.

Cuando llegamos al Lacrimosa el rabillo del ojo ya lo tenía en la nuca, pero era imposible, no podía ver la nacarada cara de la ¿japonesa?, ¿filipina?, acunando las notas de la antífona. Mi emoción estaba ya tan sarpullida que hasta los italianos me parecían querubines y en mi cabeza sólo había lágrimas que se preguntaban por la salida y el por qué de tantas cosas que ya no tenían ni siquiera un qué a esas alturas en que la luz eterna volvió a iluminar la capilla y mi cuello fue un resorte para buscar a la pareja que estaba tres filas más atrás como inserta en una mandorla que los aislaba del todo y los iluminaba, si esto fuera posible, más que esa misma luz eterna.

Los volví a encontrar muy juntos, pero sin enñoñamiento, su cariño era un cariño del saber, inteligente si esto es posible, generoso y racional a la vez, de regalo sabido, acostumbrado a sentirse caricia y mimo, también cuidado y protección, era un amor con sacarina, no para no engordar, sino para no empalagar. Y tenían huellas en su cara, en su mirada, de que la música la llevaban ya ellos, antes de que sonara, pero que el escucharla les había asegurado lo que ya sabían: ellos.

La gente, los turistas, empezaron a desfilar rápido y a trompicones, las etapas se suceden sin cesar y el tiempo siempre es escaso. La pareja seguía en su asiento, unas veces en silencio, otras con palabras quedas que ellos comprendían antes de ser articuladas. Yo me hice el propósito de no moverme de allí hasta que ellos no emprendieran la marcha y conseguí urdir un simulacro de conversación con mis compañeros para rezagar nuestra marcha. De pronto la pareja se levantó. Conseguí contemplar a la mujer de pie y vi que iba extraordinariamente elegante vestida con un traje que bien podía ser de noche, negro, muy escotado y con cortes longitudinales a ambos lados que le llegaban hasta muy arriba, casi la cintura. Iba muy sexy. Mi envidia y mi deseo hacían grecorromana. Mi sorpresa fue enorme cuando vi que el hombre llevaba en su mano un bastón blanco, plegable, de ciego.

Fue como si el bastón explicara toda esa ternura que había estado contemplando, espiando, durante toda la audición. Fue como si la ternura sólo pudiera existir con el bastón, como si el bastón me excusara a mí de no haber podido conservar en su momento y para mí todo ese amor que en ellos adivinara; de no poder tener, pobre harapiento, toda esa distinción que esa ternura les irradiaba, no los trajes, no la diferencia. Fue una especie de salvación, de salvoconducto, que me eximía de todos mis pecados y me quitaba la condena de ser mortal, egoísta y tan burdo como los italianos, o los mismos españoles. Pero este consuelo duró apenas unos segundos, porque en cuanto se levantaron y comenzaron a caminar enlazados por la cintura, atentos y corteses el uno con el otro, compartiendo el espacio de la misma forma que ambos se cedían el espacio, unidos y autónomos en esa frontera blanca que les hacía de faro o linterna, de boya y testigo de que se veían con otros ojos, uno al otro, no el otro al uno, que no necesitaban ver, sólo saber que sabían; en cuanto la vi a ella tan cuidadosa de él, a él tan seguro de y por ella, volví a sentir toda la envidia de no estar un poco más ciego, de no haberme dejado llevar por alguien, de haber preguntado demasiado, de haber querido ver más allá de lo que se puede ver.

Me desentendí de mi grupo y les seguí conforme salían, muy cerca de ellos. Hablaban un inglés que yo apenas podía comprender, apenas pronunciaban palabras, no parecían hacerles falta ya las palabras. La gente se cruzaba a nuestro alrededor acercándonos y alejándonos, estábamos cruzando los pasillos de la Concergerie cuando ellos se detuvieron frente a un banco, entre la multitud que no reparaba en ninguno de nosotros. Ella se sentó en el banco, ante la mirada ciega de él, y comenzó a bajarse alguna prenda de ropa, interior, desde la cintura. Imaginaos mi conmoción: la mujer se estaba quitando las bragas rodeada de toda la gente frente a su hombre que no la podía ver porque estaba ciego.

Ternura más erotismo es igual a perversión.

Y estas tres cosas imagino que son las que atan a cualquier hombre (por lo menos a mi sí) y a cualquier mujer (esto ya lo sé menos) a una pulsión, a un deseo de ir más allá, de seguir hasta donde sea.

No podía entender qué estaba pasando. ¿Se había dado cuenta la mujer de mi atención y había decidido mostrarme lo que nunca iba a tener o acaso era una invitación a tenerlo? ¿Se estaba desnudando en público como parte de un acto supremo de amor y sexo en el que ella mostraba a los demás lo que no podía ver él? ¿Sería el fin de este acto contárselo luego en el hotel, desnudos ya completamente ambos, o quizás caminando por el camino hacia el restaurante, o el mismo hotel, o en un ascensor, contándoselo al oído, haciendo de la narración tanto sexo como sexo de lo narrado? ¿Sería tanto su amor que ella me sustraería mis ojos viéndola en ese acto público para dárselos luego a él, con su imagen en ellos, en ese otro acto privado en el que el mirar se convierte en simple fetiche y lo que se ve está más allá de cualquier mirada? Seguí con mi envidia insana, con mi rabia eterna que me atronaba los oídos en un Dies Irae.

Fuera como fuera, estaba completamente absorbido por aquella pareja, por aquel hombre distinguido y elegante, que parado frente a la mujer, a un escaso metro delante y de espaldas a mi, no podía ve lo que yo veía, lo que nadie más parecía ver: unas esplendidas piernas apenas cubiertas por una tela que se desprendían de una especie de culotte y dejaban al descubierto un no tan explicito como yo esperaba, pero no menos excitante, tanga rojo.

A pesar de ser el suceso tan sensual siendo tanga como no siéndolo, a mi entender empezaron a dejar de tener plena validez mis elucubraciones pseudopsicológico-eróticas y descarté al momento todo mi protagonismo en la historia. Yo era el mirón, el narrador ahora, de una historia en la que quizás mi papel no tenía tanta importancia, seguramente las cosas no ocurrían por mí, pero, y esto es la gran paradoja de lo narrativo, ahora, cuando lo cuento, sé que tampoco hubieran sucedido sin mi.

La mujer se levantó y ambos continuaron su camino, yo continué siguiéndolos, enamorado de la ternura que irradiaban, del amor que les suponía, de la fuerte carga simbólica de los dos colores que me habían atrapado, el blanco del bastón y el rojo del tanga, la ternura y el erotismo, la pasión y el cariño.

Llegamos al patio del Palacio de Justicia y el hombre y la mujer se sentaron en las escalinatas. Yo me uní a mi gente y desde lejos seguí observándolos. Hubiera dado cualquier cosa por cambiarme con aquel hombre, por estar cerca de aquellas piernas desnudas aunque no pudiera verlas, por sentir aquella mano en la mejilla una vez más, aunque no fuera la misma mano. Oía la voz de la mujer en mi imaginación inventando historias para aquel hombre que no podía verlas, pero sí sentirlas. Todo el Réquiem volvía a sonar en mis oídos y cada nota era una palabra de ella, una ternura, una sonrisa…

No pude resistirme a quedarme un poco con ella, con él, para siempre y aprovechando que mi cámara tenía un buen zoom, simulé que le hacía fotos a mi amiga P. cuando en realidad se las hacía a ellos. Éstas son:

Como podéis ver, la mujer es bellísima. La distancia a la que tomé la foto y mi mal pulso impiden apreciarlo bien, pero convenir conmigo que semejante aparición en medio de un grupo de turistas sudorosos y cansinos es para impresionar a cualquiera. Llamo vuestra atención también sobre el tanga que se adivina entre sus muslos: mezclar la Sainte Chapelle, el Réquiem de Mozart, la elegancia y belleza de esta mujer, la presencia del hombre y un bastón de ciegos y tendréis una historia, seguro.

En esta foto ella parece observar su móvil mientras él parece pensativo, con la vista como perdida.

La mujer hablando por su móvil y él como contemplando algo en la lejanía. La mujer parece mirar mi objetivo. ¿Seré yo el protagonista, al final? ¿Existirá sólo la historia si se narra?

La mujer continúa hablando por su móvil. El hombre se ha puesto unas gafas y lee una guía de París. En ese momento me di cuenta de lo equivocado que había estado. El bastón blanco, que todavía estaba en poder del hombre, no era para él, sino para ella. Ella era la ciega.

No puedo negar que me desencanté bastante de todas mis elucubraciones y que la explicación de ese supuesto striptease privado y exclusivo ofrecido a mi cegada persona era mucho más sencilla y, por lo tanto, real: como señal de respeto al lugar que iba, la Sainte Chapelle, y dado que su vestido dejaba casi al descubierto sus piernas, se había puesto esa especie de culotte durante el concierto; luego, al terminar, se lo quitó. ¿Por qué iban tan elegantemente vestidos? Es posible pensar que luego del concierto fueran a una cena o a una fiesta. Todo, desde el primer momento, había ocurrido en mi imaginación, hasta el punto de que si no hubiera hecho las fotos hoy en día no podría estar seguro de si esta pareja había asistido o no al concierto. Pero nada de eso importa, en realidad, lo único cierto es que en mí crearon una historia, una preciosa historia que algún día escribiré. Evidentemente yo no había sido ni protagonista ni visible en ningún momento para ella, pero ella algún día será la protagonista de algo que no vio.

Estuvieron sentados un rato y continuaron camino. Salieron del Palacio de Justicia y cruzaron hacia la orilla del Sena. Yo quise seguirles, pero mis amigos me llevaron en dirección contraria. Aún hoy en día los imagino caminando lentamente junto al Sena, bajando a su orilla, cruzando el Pont Neuf, hablándose muy despacio, contándose historias reales o inventadas. Imagino al hombre hablándole de mí, de mis ojos viéndola, fijos en su tanga…

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sábado, 20 de diciembre de 2008

El clima en Ulán-Bator

Me ha llegado este powerpoint con fotos de Mongolia. Mongolia es un país de cuando yo era pequeño, muy lejano y extraño, lleno de pastores y sangrientos guerreros a caballo. También es un país con clima, claro. Me salió en un examen de geografía hace muchos años: clima de Ulán-Bator. Según la clasificación climática de Köppen, que se basa en temperaturas y precipitaciones, se trata de un clima templado frío de verano frío en el que no se alcanzan los 22ºc. (Dwc), con invierno seco y muy frío, con temperaturas medias que no rebasan los 10º durante 8 meses al año. Ya véis. Por supuesto estos datos los acabo de sacar de la wikipedia porque ni siquiera creo que los supiese aquel día del examen. Lo de Ulán-Bator no se me ha olvidado nunca y me viene a la cabeza, asociado a esa prueba, con cierta asiduidad. Es un nombre bonito, como de balneario con burguesía decadente al estilo de Chéjov o del mismo Doctoievsky. Es un nombre de película con tonos sienas y ocres, con campesinas de piel endurecida por el viento y esperanzas idas con él. Sí, yo creo que en Ulán-Bator hará mucho viento.

Pero lo importante son las fotos. Son muy bonitas. Si pulsáis en la esquina inferior de vuestra derecha podréis verlas en pantalla completa.

Mongolia(Yen)
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jueves, 18 de diciembre de 2008

De deseos y finales

Quizás sea casualidad, quizás sólo sea el destino, pero hoy me ha ocurrido algo que quiero reseñar:

Estaba frente a una fotocopiadora, de esas que grapan y todo, haciendo fotocopias, cuando de pronto he oído a mis espaldas un: "hola, ¿tienes para mucho?", yo he contestado que para un ratito y me he girado con una sonrisa oblícua. Se trataba de un hombre que andaría por los mismos años que yo y que abrigaba su aspecto triste y un tanto desaliñado con una sonrisa que parecía estar aprendiendo a andar. Me dijo: "Si no te importa espero a que termines" a lo que yo capoteé con un "claro que no".

Durante unos minutos; mi ratito era más bien largo; siguió una conversación de frases cortas e inconexas, de esas que se dejan caer con la esperanza de que llenen un hueco en el que sólo caben el flojo desdén y el hastío, pero, cuando me estaba peleando con el undécimo enganche de papel de la fotocopiadora, de sopetón el tipo soltó una frase que me desconcertó: "Hoy he hablado con ella", me dijo, a lo que yo sólo pude balbucir un "¿cómo?, ¿con quién?" que no tuvo ninguna respuesta pues el tipo había empezado un monólogo del que el receptor, yo, no era más que una simple pared donde acolchar su eco:

"La he llamado por motivos de trabajo, pero en realidad lo único que quería era volver a escuchar su voz. Tenía mucho miedo, el corazón se me desbocaba debajo de la voz neutra que he puesto para que no notara el más mínimo sentimiento, porque si lo hacía me volvería a colgar. Le he preguntado por su salud, por sus hijos, por el trabajo, y me ha contestado a todo que bien, pero sin entusiasmo, con ese "bien" que se dice para dejarte claro que las cosas no van bien, o no tan bien como quisieras, pero, ¿qué le vas a hacer?, lo soportarás, y, en todo caso, si no lo soporta ya no soy yo la persona adecuada para presenciarlo, para saberlo, que no lo soporta. Se ha convertido, me he convertido, en ese otro al que se le dicen las cosas convenientes, los lugares comunes, las cosas como deben ser, no como se sienten. Pero yo, ¿qué quieres que te diga?, sí he notado sentimiento, muy allá al fondo de las aes y de los ¿estás bien?, bien, bien, pero he notado una pizquita de sentimiento. No me ha colgado, me ha hablado, se ha despedido deseándome felices fiestas. Como dios manda."

Han pasado tres segundos y cuando me he vuelto hacía él para inquirirle una continuación de su relato, el tipo ya no estaba. Me he reído un poco en silencio, pero en seguida me he librado de cualquier ironía o burla incapaz de tapar con su vacuidad los interrogantes con los que el extraño sujeto me había dejado. Terminé de fotocopiar y me di una vuelta por los pasillos y los despachos de mi planta y de otras plantas para ver si lo encontraba, decidido a que me contara toda la historia. No tuve suerte, no lo volví a ver. Pregunté por él, nadie me dió razón.

Cuando he llegado a casa he encontrado el video que os pongo a continuación. Es un corto, una buena historia. Un tipo, al parecer azarosamente, consigue un método para cumplir sus deseos, o parte de ellos. El agujero negro. Todo va bien hasta que él mismo es engullido por sus deseos. No me gusta el final "comme il faut", el final necesario para que el tipo pague por tener deseos. Me ha recordado al genio de la botella, ese que te concedía tres deseos y al final acababas convertido en camello o algo peor porque la cosa tenía su truco, su trampa. Me he acordado también de las pelis americanas de final feliz, me he acordado del extraño amigo de la fotocopiadora, de la emoción que sentía de haber podido hablar con la chica, de que no le hubiera colgado. He pensado en los deseos, en los del tipo, en qué habían acabado, en un simple escuchar una voz. Me he preguntado por los deseos que tendría al principio de toda esta historia que yo aún no sé. Mañana seguiré buscando, y pasado, hasta que lo encuentre. Le preguntaré por la historia, me la contará. Seré su agujero negro.




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sábado, 6 de diciembre de 2008

Lo simple y lo complejo

Es curioso como desde tiempos inmemoriales, aunque ahora se me ocurre citar a los sumerios, no sé por qué, en cuanto alguien tenía una información de la que los demás no disponían y que podía ser útil para la comunidad (con el tiempo no hizo ya falta ni que fuera útil), se las apañaba para conseguir gracias a ella una posición privilegiada, de poder, con relación a los otros. Claro, las cosas del saber son tan simples que sólo hay que saberlas para tenerlas y, si todo el mundo las tuviera, el efecto de privilegio se disiparía. Muy pronto, quizás antes de comprender lo que sabía, el poseedor de esa información descubrió que, por una parte, debía evitar en la medida de lo posible que el resto del barrio conociera como él esa información, y, por otra, debía intentar que los demás supieran que la poseía y la creyeran lo suficientemente compleja como para delegar en él su administración. Así nació la astronomía, la religión y la economía, así nació la ciencia y el conocimiento, así nació el poder, otro poder más potente y sutil que ya no necesitaba de otra fuerza que no fuera la recreación de un mundo, de una realidad, acorde con sus intereses.

Había nacido el discurso. La explicación de lo que es y lo que puede ser, de lo que debe ser, se fue sistemantizando, poco a poco, y, a la vez, aumentando su complejidad para que sólo los iniciados, los pertenecientes a ese grupo que ya manejaba el poder, pudieran seguir haciéndolo.

La economía fue creciendo y se despojó lentamente del hábito religioso y el capote militar; a la par el discurso se fue haciendo laico y el comercio cruzó las fronteras y transcendió la economía del oikos, pasando del intercambio necesario a la acumulación de excedentes y la sustitución de su valor de uso por el valor de venta: ya teníamos aquí la economía de mercado. Ya teníamos aquí las ideologías.

El problema de la economía de mercado es que necesita un incremento constante de la demanda para no caer en lo que llaman recesión. Esto se consigue con una clase consumidora lo más amplia posible y que, además, sea capaz de adaptarse continuamente a una oferta cada vez más variada, amplía y alejada de las necesidades básicas. Ya tenemos aquí a la clase media. Una clase media necesitada de una formación suficiente para comprender los mensajes publicitarios, los mensajes ideológicos, las bondades del sistema. Ya tenemos aquí la educación.

La educación es una de esas palabras relicario que acoge, o más bien esconde, diversos segmentos: está la educación como adiestramiento de esa clase media que tiene que sostener el sistema de poder y está la formación iniciática de cierta clase que desde siempre ha dominado las estructuras de realidad. En unos colegios se enseña a aceptar, en otros se enseña a dominar el discurso, a utilizarlo, a convertirlo en permanente poder.

De la cosecha en el valle del Nilo hemos pasado a los grandes artilugios culturales que se celebran en los prestigiosos templos de nuestrar ciudades , las palabras se convierten en pequeñas dagas florentinas que se utilizan para domeñar a aquellos que no pertenecen a la élite. Las palabras son poder en los labios de quienes administran el saber, haciéndolo complejo e inaccesible para el resto. Los lenguajes de las élites colegiadas, de las academias, se hacen técnicos y oscuros, difíciles de comprender para el que no pertenece al círculo exclusivo. Todos se oyen hablar, los unos a los otros, y se sienten satisfechos de que no los entiendan, pero los reconozcan como dueños de ese discurso.

Pero de vez en cuando aparece alguien, como este hombre del video, y te das cuenta de que lo simple siempre es más útil que lo complejo.

Podéis ver la explicación completa de la crisis en su blog: http://leopoldoabadia.blogspot.com/search/label/%2B%20ANEXO%201%20Crisis%20NINJA

Tambíen ver otros videos en youtube: http://Pod%C3%83%C2%A9is%20ver%20la%20explicaci%C3%83%C2%B3n%20completa%20de%20la%20crisis%20en%20su%20blog:%20http://leopoldoabadia.blogspot.com/search/label/%2B%20ANEXO%201%20Crisis%20NINJA%20%20Tamb%C3%83%C2%ADen%20ver%20otros%20videos%20en%20youtube:%20http://es.youtube.com/results?search_query=leopoldo+abadia&search_type=



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lunes, 1 de diciembre de 2008

Regalos y ausencias




Es curioso como con el paso del tiempo, entrepuertas y escaleras, vamos incorporando pequeñas cosas a nuestra vida que se van convirtiendo en grandes. Leemos historias que nunca nos abandonarán más, conocemos gente que aunque sí nos abandonará, se quedará con nosotros quizás sin saberlo. Adquirimos costumbres insospechadas tiempo atrás, desde abrazar el Islam a pedir el descafeinado de sobre en vez del de máquina y algunos, incluso, llegan a terminar, por una vez, su primera colección de fascículos, después de haber comenzado mil y una septiembre tras septiembre movidos por un pasajero propósito de regeneración otoñal. Vamos llenándonos de esos pequeños recuerdos que se convierten en el espíritu del que nos los ha regalado, ocupándonos de nuevo por unos momentos y dejándonos la satisfacción, quizás diría mejor la tranquilidad, de que su presencia, aún en su ausencia, sigue haciéndonos bien. Uno de estos regalos es la canción que os pongo a continuación. Guardarla para cuando pase el tiempo. Seguro que la conocéis. Es Eternal Flame, de las Bangles. Tengo otra versión, grabada en un casero karaoke, que me gustaría que alguien recordara. Pero no me atrevo a ponerla. Aún.
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sábado, 22 de noviembre de 2008

Solamente saber

Solamente saber si estás bien.
Si estás, amada antigua.
Si el sol alegra tu cara y esos pensares que a saber por dónde andan ahora.
Sólo saber si aún pasa la gitana cantando cerca de tu ventana,
si aún conservas las piedrecitas negras,
si aún te encanta el Dante,
si aún me piensas, de vez en cuando.
Solamente saber si sientes o ya no sientes,
si la luna brilla en ti como aquella noche,
si alguna vez todavía cantas del brazo de alguien,
si alguna vez aún lloras abrazada a alguien.
Sólo saber si estás, si sigues, si añoras,
si vives, si piensas, si quieres.
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martes, 29 de julio de 2008

Bronwyn, la que renace de las aguas, de J.E. Cirlot

¿Os he hablado en Entrepuertas y escaleras de Bronwyn y de Juan Eduardo Cirlot?

Hace años alguien me regaló un libro de poesía. El libro se titulaba Bronwyn. Estábamos en una librería y yo le conté esta historia:

“Una tarde de agosto de 1966 Juan Eduardo Cirlot se metió en un cine de Barcelona. Me imagino las calles saturadas de calor y el cine fresco y en penumbra, adormecido por el duermevela de la pantalla. La película se llamaba “El señor de la guerra” (“The war Lord”), de Franklin Shaffner, protagonizada por Charlton Heston, Richard Boone y Rosemary Forsyth en el papel de Bronwyn.

La historia es la siguiente: En la Edad Media un poblado de Normandía es atacado por los frisios. El caballero Chrysagon libra a los lugareños del ataque, cuando ve a Bronwyn e inmediatamente se enamora de ella. La muchacha ya tiene concertado su casamiento, pero el señor feudal ejerce su derecho de pernada y la retiene. Los habitantes de la aldea asedian el castillo para rescatar a la muchacha, obligando al Chrysagon y a Bronwyn, que se ha enamorado de su raptor, a refugiarse en un torreón.

En un momento de la película emerge de las opacas aguas de un lago la figura y el rostro de la belleza absoluta, de la verdad absoluta, porque, siguiendo a Tolstoi, la belleza sólo puede ser si es verdad: Bronwyn.

Esta visión, tan estrechamente relacionada al mito de la resurrección de entre las aguas, obsesiona a Cirlot hasta que, tras asistir a un montaje ruso de Hamlet, la relaciona con la figura de Ofelia muerta en las aguas: Bronwyn es Ofelia renacida. Bronwyn es “la que renace de las aguas”. A partir de entonces Cirlot dedicará todos sus esfuerzos poéticos a desentrañar el misterio de este ser absoluto que en una misma visión se tiene y se pierde. Durante los siguientes años, hasta su muerte en 1973, dedicará su trabajo poético a corporizar en palabras la esencia de ese absoluto al que había accedido entre fotogramas. Se trata de una obra formada por 16 cuadernillos publicados en ediciones prácticamente particulares, que poco a poco va alcanzando el reconocimiento que se le debe en la poesía castellana de todos los tiempos: el ciclo Bronwyn.”

Bueno, seguramente no fue esto lo que le conté, pero el caso es que ella me compró el libro y, de él, me leyó este poema:

Pensé que te alejabas para siempre,
que tu sueño era el fin de mi evidencia,
y que el sagrado bosque de tu culto
era un recuerdo sólo entre palabras.

Pero vives en mí más que yo mismo,
que apenas soy la sombra de mi ser
que va perdiendo trozos del espíritu
en los negros ramajes de los años.

Bronwyn, pero perduras y me existes.
Y soy porque me asistes todavía
entre la claridad de las estrellas
y la blancura de tu cuerpo blanco.

(En Bronwyn, W. 1971


Más información:

Artículo en Espéculo sobre la exposición sobre Cirlot realizada en el IVAM en 1996: http://www.ucm.es/info/especulo/numero4/cirlot.htm
Artículo mío más extenso sobre el ciclo Bronwyn en Autorneto:http://www.autorneto.com/Literatura/Reseñas/Bronwyn-la-que-renace-de-las-aguas.188501
Poemas extraídos de Bronwyn: http://www.xtec.es/~jaguade/bronwyn.htm
Otros poemas de Cirlot: http://amediavoz.com/cirlot.htm
Acercamiento a Cirlot y su ciclo Bronwyn: http://www.geocities.com/bronwynxxi/index.htm
Bosquejo de Cirlot en la wikipedia: http://www.wikipedia.es/enciclopedia/Juan_Eduardo_Cirlot
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viernes, 18 de julio de 2008

El iphone habla por ti

Ayer aproveché la magnífica tarde de lluvia para meterme en un café a leer la prensa de "El país". Era una de esas tardes hechas para leer un buen libro, pero, ya veis, el afán de actualidad nos secuestra a todos. Todos los requisitos de aislamiento y tranquilidad se cumplían, se disfrutaba del silencio adecuado, sin niños impertinentes retozando alrededor de mi mesa y ni siquiera conversaciones con ecos de eurocopas dándome patadas en las meninges, cuando un sonido molesto vino a alterar mi placer: el politono maldito de un móvil. Al primer sonido le sucedieron muchos más hasta hacerme levantar la vista casi cubierta ya por el odio. Al otro lado de la cafetería ocupaban una mesa una pareja de treintañeros, chico y chica, ambos vestidos con corte ejecutivo junior y ambos con sendos tesoros en sus manos: dos iphone al parecer recién adquiridos gracias a leoninas promociones de la sempiterna Telefónica.
Dejé de leer la prensa y los observé sin un disimulo que no hacía falta dado lo abstraídos que estaban con sus aparatos último modelo. Me llamó la atención que ninguno de los dos cruzara una palabra con el otro, simplemente se dedicaban a inspeccionar las mil y una supuestas funciones del adminículo mientras sus rostros extasiados hasta el embobalicamiento se reflejaban en las pantallas. Tras la minuciosa inspección, ambos, como si estuvieran programados para ello, comenzaron a hablar por sus aparatos. Tras más de diez minutos la chica, con el telefonillo en la oreja, se acercó a la barra y pagó las consumiciones. Los dos salieron sin dejar de hablar con sus respectivos iphones. En todo el rato que estuvieron en la cafetería no se cruzaron ni una palabra entre ellos.
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domingo, 6 de julio de 2008

Realidad y flexiguridad

Se está poniendo muy de moda el término flexiguridad. Otra palabra más. Otra panacea más. La verdad es que desde muy pequeño he tenido la sensación de que algunas palabras venían de vez en cuando a quitarme algo. La palabra deberes me quitó mucho rato para jugar, luego vino castigo y eso ya significó no jugar nada. Las palabras follar y coño me hicieron pasar largos ratos espiando el rostro de mi madre para poder entender el misterio de su doble vida, madre y mujer. De pronto, cuando a eso de los trece o catorce años las chicas me llamaban amigo, yo intuí que esa palabra me excluía de muchas otras cosas que seguramente hubiera agradecido más y, sin que yo pudiera darme cuenta a tiempo, un buen día se hizo omnipresente en mi vida la palabra realidad: verdadera bomba atómica que destruyó todos mis mundos de ensueño, todas esas tardes leyendo y reinventando las historias que leía, todos esos refugios en donde yo controlaba las palabras, las elegía y las hacía jugar conmigo. La palabra realidad vestía uniforme y taconeaba con fuerza a ritmo de oca en mis sienes. Con ella se trajo todo un ejercito de acólitos: necesidad, razón, interés, verdad…y también: obligación, moral, error, pecado… Unas ocuparon el estrado de los tecnócratas y otras el de los ideólogos en el Gran Congreso de lo que Es. La invasión de términos ha seguido a lo largo de mi vida, entrepuertas y escaleras; unas palabras han ido ocupando el protagonismo de otras, pero todas han ido quedando en el estante de los recuerdos como palabras trampa que han intentado conformar, y lo han conseguido en muchos casos, una realidad en función de los intereses de algunos.

La nueva palabra invasora es flexiguridad. Hace referencia a la política de empleo danesa que combina el despido libre con unas sólidas prestaciones estatales de desempleo. En Dinamarca esto parece funcionar bien, eso dicen ellos. Aquí también nos lo están diciendo: la flexiguridad permite una agilidad al empresario y una mayor productividad. No nos dicen que nuestra estructura social no tiene nada que ver con la danesa, ni que en Dinamarca se pagan unos impuestos progresivos lo suficientemente abultados para sostener estas prestaciones, sin que el fraude fiscal sea lo significativo que es en países como España. No nos hablan del sistema de formación laboral que disfrutan en Dinamarca, ni nos dicen qué estructura se crearía aquí para poder hacer frente a la segunda parte de la palabra: la seguridad. Estamos ante una palabra calcetín que envuelve un callo muy difícil de soportar: la flexibilidad labora pura y dura.

Más información:

http://www.flexiseguridad.es/
http://insight.iese.edu/es/doc.asp?id=00832&ar=7: Artículo en la Universidad de Navarra
http://www.otromundoesposible.com/?p=1726: Otro Mundo es Posible nos muestras las ponencias sobre el tema que PSOE y PP han presentado en sus respectivos congresos.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=45625: Artículo sobre la cuestión.
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domingo, 29 de junio de 2008

Fotografías de Praga



Estas fotos las hice en marzo de 2007, durante mi segundo viaje a Praga. El primero lo hice en 1992, en plenas olimpiadas de Barcelona. Praga ha cambiado, los turistas lo ocupan todo, aquel metálico sabor a socialismo ha desaparecido, pero el vaporoso sabor mágico sigue percibiéndose, a poco que te olvides por un rato de tus compras. Hablaremos de Praga y de sus magias, de sus jardines y de lo fácilmente que te pierdes para llegar siempre al sitio de partida. Hablaremos del Golem y del rabino Löw, del cementerio judio y de una mujer con su niño cogido de la mano, ambos muy arreglados y portando las maletas con sus pertenencias, esperando en al cola que les llevaría al horno crematorio. Hablaremos de jazz, de Kafka y del callejón del oro, hablaremos de ópera, conciertos en iglesias y de una modernidad que sabe a vieja y te habla de primaveras, tanques y tolerancia. Hablaremos.
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sábado, 28 de junio de 2008

¿Qué recuerdas de las escaleras?

Ray Loriga, "Héroes".

Que eran más grandes. La distancia entre los peldaños era mayor y la distancia entre lo más alto y el suelo también. Recuerdo escaleras más altas y puertas más grandes, distancias mayores y esfuerzos mayores. Más lejos, pero también más cerca. Más frío, sobre todo más frío. El dolor en las manos, las manos golpeadas por balones de cuero y sobre todo por verjas, palos, hierros. El frío y el dolor en las manos y un agujero en el pecho al correr. Saltábamos verjas, verjas enormes, teníamos miedo y frío. Saltábamos verjas y una de esas verjas oxidadas me hizo un agujero en la tripa, un agujero que sangraba. Recuerdo el frío y el sabor de la sangre, sangre de la nariz o de los dedos o de la tripa, pero sobre todo recuerdo escaleras grandes y el dolor del cuerpo al caer constantemente. La extraña sensación de tener cuerpo y la extraña sensación de tener miedo. También cortar el césped del jardín, limpiar la hierba que se atascaba en las cuchillas, pensar en cualquier otra cosa mientras tanto. Problemas con el tiempo. El tiempo que separa cortar el césped de volver a la calle. El tiempo que separa estar en la calle de volver a casa. El tiempo que separa unos días de otros, el tiempo durante los fines de semana y el tiempo durante un lunes. Diferentes medidas. Como una goma. Recuerdo medidas elásticas, distancias elásticas, esperas eternas y diversiones rápidas. También los coches y la idea de no tenerlos y las motos y la misma idea y las mujeres. Todas las ideas de nunca, y las ideas de espera.

Los relojes, la obsesión por los relojes, por tenerlos y mirarlos y la mierda de estar siempre debajo de alguno, la mierda de las horas decidiendo cosas, horas de hacer algo y horas de hacer lo contrario, horas infranqueables como un jodido muro de acero.

¿Qué más recuerdas de las escaleras?

Sólo eso; la altura, el dolor, el frío y las horas.



Hace año y medio tuve la suerte de estar cerca de Ray Loriga en una charla con escolares de bachillerato. Es un tío duro, pero cercano, de estos que beben su tercio de cerveza en la botella, te hablan como colegas y piensan, como tú, en tocarle el culo a la morena de al lado. Es un duro tierno de los que se cortan al afeitarse frente al espejo, como nosotros. Además es amigo de Leonor. Qué coño. Te debo una visita, Ray.

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¿65 horas? Ni de coña

Ya sabéis todos del nuevo proyecto de la derechizada Unión Europea: aumentar el máximo de horas trabajadas a la semana a 65 horas. Es un paso más para ir recortando y recortando el supuesto Estado de Bienestar que los tenderos de Europa (cercanamente guiados por los empresarios yankees) se inventaron para contrarrestrar el peligro soviético. Ahora ya no existe ese peligro rojo y vienen muy bien otros peligros para tener a la masa jodida pero contenta, que dice la canción de Concha Buika. No sólo no acaban con el dumpping, sino que poco a poco lo van importando a la vieja Europa. Es una medida más para flexibilizar el mercado laboral europeo, cada vez que hay (o se inventan) una crisis económica las únicas recetas que ofrecen son siempre las mismas: ahorro de gasto social y del coste del trabajo, nunca nadie dice nada de limitación de beneficios o una verdadera progresividad de impuestos. Es el chantaje de siempre: o trabajas más y cobras menos,...o no trabajas.

Entrepuertas y escaleras se suma a la campaña ¿65 horas? Ni de coña. Daos una vueltecita por aquí y apoyar un poco.

De paso os dais otra vueltecita por Mangas Verdes, desde donde podréis conseguir un año gratis de alojamiento web.
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viernes, 27 de junio de 2008

Informes y patrones

En mis vagabundeos por ahí he encontrado un site que ayuda a patrocinar estos tableros garabateados nuestros y de nuestras convulsiones. Se llama Infopatrocinios.com, el mayor agregador de noticias del mundo, se dicen. Me llama mucho la atención este tipo de nuevo periodismo popular que está aflorando dentro del internet 2. Lo que hace unos años eran las armas del proletariado, los medios de producción, han sido sustituidas por las pistolas de juguete, de agua podríamos decir, de la opinión libre, anónima y multiplicada por sí misma en un infinito juego de espejos que acaba con cualquier mensaje y, otra vez McLuhan con su onanismo mediático, lo único que queda es ruido. Pero, ¿qué importa si el proletariado ha sido sustituido por una masa de colorines que tiene tarjeta de El Corte Inglés y nuestras mentes hace mucho que no llegan a final de mes?

Infopatrocinios.com nos permite un granito más en la dura tarea de existir en la blogsfera y Entrepuertas y escaleras les agradece su ayuda para ello.

infopatrocinios es una iniciativa de tuPatrocinio
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viernes, 20 de junio de 2008

Los republicanos españoles liberaron París



En la anterior entrada de Entrepuertas y escaleras puse una estupenda presentación de Emilio con fotografías de París. En ella se hacía referencia a la liberación de París en 1944. Esta nueva entrada es para apuntar, según me indica mi siempre atento amigo Manolo, que las primeras tropas que entraron en París el 24 de agosto de 1944 estaban formadas por antiguos combatientes republicanos que tras ser derrotados por los fascistas en España no dudaron en luchar al lado de los aliados en contra del nazismo, sin importarles en ningún momento que aquellos no hubieran movido ni un solo dedo para evitar el triunfo de los franquistas en la guerra civil española.
Los republicanos españoles formaban la columna Dronne, la nueve, perteneciente a su vez a la División Leclerc, el grueso de la cual hizo su entrada en París al día siguiente, el 25 de agosto. Los republicanos españoles entraron en su columna mecanizada, a bordo de tanques a los que habían puesto nombres de batallas de la guerra civil: Madrid, Brunete, Guernica, Guadalajara...
Cerca de 3500 republicanos españoles formaban parte del ejercito de la llamada Francia Libre y entre 8000 y 10000 lucharon en la resistencia, el maquis.

Aunque esta entrega abnegada por el ideal de un mundo mejor nunca fue suficientemente reconocida, ni por los franceses ni siquiera tampoco por los gobiernos democráticos españoles, el 24 de agosto de 2004 se les hizo un discreto homenaje y se descubrió una placa en su recuerdo.




Más información en:

- La nueve: A todos los interesados en el tema os recomiendo esta página. En ella podréis encontrar fotos, testimonios e incluso una radio emitiendo la liberación de París.
- Les cosaques: Boletín informativo del grupo de reconstrucción histórica La Nueve: Boletín especial sobre los actos de homenaje que se celebraron en 2004 a la Nueve.
- Eduardo Pons Prades: Republicanos en la liberación de París, Historia XVI, nº 111, julio de 1985: Profundo e instructivo artículo sobre los republicanos en la liberación de París
- Artículo de Ian Gibson: Traiciones y reparaciones: Este artículo es más corto, pero no menos interesante.
- Asociación de Familiares y Amigos de Represaliados de la II República por el franquismo: Ya quedan pocos vivos, no podemos permitir que se pierda su memoria, porque sin ella nosotros no existimos.
- La segunda guerra mundial: Una buena aproximación a las causas y desarrollo de la guerra.
- Európolis: Los españoles y la liberación de París: Juan Pedro Quiñonero nos comenta en su blog el aniversario de la liberación de París.
- http://guerracivil.forumup.es/about4157-guerracivil.html: Este foro es imprescindible para todo aquel que esté interesado por uno de los hechos históricos más destacados en la historia contemporánea de nuestra civilización (o lo que sea).
- S.B.H.A.C. : Imágenes de republicanos españoles luchando contra los nazis: Testimonios gráficos de unas vidas heróicas.

Agradezco a todos ellos la información que han puesto a la disposición de todos nosotros.

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domingo, 15 de junio de 2008

fotografías de París

Estas maravillosas fotografías fueron tomadas por nuestro desconocido, pero a partir de ahora amigo de Entrepuertas y escaleras, Emilio. Las pongo aquí como reconocimiento a lo que puede ser un buen trabajo, aunque no te paguen por ello.

Emilio nos cuenta como el general von Choltitz no fue capaz de cumplir las órdenes que le dió Hitler de destruir todos los monumentos de París. Gracias a ello hoy podemos disfrutar estas impresionantes fotografías: Los Inválidos, la Concordia, El Louvre, Notre Dame, la Ópera, el Arco del Triunfo, la Torre Eiffel...

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jueves, 12 de junio de 2008

Lenguas bárbaras y lenguas viperinas

BREVIARIO:
Para los que le interesen las lenguas bárbaras, aquí: http://aprenderinglesonline.blogspot.com/ y aquí: http://www.babelyou.com/ pueden encontrar cosas interesantes. Los que estén más interesados por sus propias lenguas, viperinas, que se muerdan un poquito y saboreen su rico veneno, no encontrarán nada mejor en esta vida. Ellos lo saben.
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martes, 10 de junio de 2008

Fotos de Estambul

Hace poco hice un muy grato viaje a Estambul y creo que sería bueno poner en entrepuertas y escaleras algunas de los cientos de fotografías que hice (ya sabéis de mi compulsión fotográfica). Más adelante pondré otra entrada con más datos sobre la visita, ahora me conformo con compartir las fotografías y contaros que me impresionó muchísimo la mezcla de modernidad y tradición que encontré. El que se puedan ver mujeres bellísimas con minifaldas infartantes en la plaza Taksim y encontrar en la misma ciudad figuras que se desplazan cubiertas de los pies a la cabeza es algo que te demuestra que ni la tierra es redonda ni la realidad sencilla. También tendremos que hablar del sufismo y el sema, la ceremonia donde los derviches giran y giran hasta llegar a Dios.
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lunes, 9 de junio de 2008

Princesas y publicas



Espacio comercial:

En la librería online Bubok está a la venta una recopilación de los peores cuentos jamás escritos por ser (humano) alguno: Its me.



Como dice la contraportada: ¿Dónde empieza la perversión y termina la ternura? ¿En qué lugar de los sueños se oculta el temor a que éstos sean algo más que sueños? Quince relatos en los que la realidad y la razón se difuminan llevando el terror y el amor a lo cotidiano.



Estos son los malos. Los buenos los quemé. Me encanta ser un maldito.


Son cuentos escritos a lo largo de demasiados años. Hablan de lo de dentro y de lo de fuera, de espejos y mujeres que siempre vuelven con el mismo nombre, de miedos y odios, de rabias y dolor, de pena y risa, de amor y sueño, de sueño y vigilia, de enigmas y burlas, del mismo espejo de antes, de todos los espejos y todas las locuras, de cuadros y preguntas, de Praga y arcillas, de torturas y violencias, de recuerdos, de olvidos, de princesas y de niñas que se vuelven mujeres, de árboles y hojas marrones.




SOLO DE SAXO SUDADO DE GORDO SANGRADO

SOBRE LO QUE TÚ ERES
“SUEÑO ÚLTIMO DE LEONARDO”
HOJAS MARRONES
EL ESPÍRITU AMARILLO

LA ESCALOFENDRIA
LA CÁMARA CONFIESA

LAS VOCES EN EL ESPEJO

LOS INSTANTES QUIETOS

PÍNTAME LA CARA CON TUS LABIOS
INSTRUCCIONES PARA FOTOGRAFIAR A UN HADA

LA NIÑA QUE PERDIÓ SU NOMBRE
TODAS LAS CARAS Y LA MÍA
ARCANO: LA MUERTE

TO-KYO


También hay un gato, un eclipse de gato, pero eso es otra historia que un día os contaré...

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Fotografías del centro histórico de Valencia

Estas fotografías a las que podéis acceder desde Entrepuertas y escaleras son el resultado de un paseo que di por el centro histórico de Valencia con el inefable, amigo y sabio, Leví. Recorrimos los pasados y las calles, nos adentramos por recuerdos y callejones en los que en otras mañanas de junio quizás jugamos, descubrimos viejos carteles, viejos comercios, tapias y pintadas, murallas y religiones. Son sólo fotos, los recuerdos se velaron al pasar por el pensamiento.

La Avenida del Oeste, ese fracaso cartesiano, el Botánico, donde tantas veces di otros paseos, El Carmen mañanero y despierto, tan distinto del que acostumbramos a ver entre copas, el Mercado Central con gentes a su alrededor que parecen haber salido de una novela de Ferran Torrent...daos una vuelta y luego tomaos una cervecita en la plaza del Doctor Collado...
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lunes, 2 de junio de 2008

Esdrújulas y calladas

BREVIARIO:
No te quieren. Hay gente que no te quiere hablar. Te niega, te ha negado tres veces ya mientras su nuez fabrica gallos que acalla sin cesar para no dudar. Te callan. Hay gente que te hace callar, se giran, te giran, y se van corriendo a por un metro que se les va, se te van. Te cuelgan, te mienten, te olvidan. Hay gente que te cierra los ojos para no pensar. Se duelen, les dueles, y se vendan los ojos y las llagas para seguir sendas por las que tú ya no estás. La palabra les sale fácil: olvídame y la esdrújula es una sílaba de esparto donde a tu alma la cuelgan hasta que el cuello se le quiebra.
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sábado, 1 de marzo de 2008

Exclusas y fluidas


Bueno, esto funciona. Os explico. Se trata de un invento para compartir nuestra música sin necesidad de vernos las caras ni frotarnos las orejas. Tenéis que pulsar en el aparatito que sale a la derecha (de la pantalla) y allí podéis escuchar la música ya sea en las play list que yo voy poniendo o de diversas formas que dejo a vuestra intuición el averiguar porque en estos momentos de la mañana no me apetece nada, nada explicar... Pero es fácil. También podéis ir a la página donde he subido la música y verla en detalle. También podéis hacer vosotros lo mismo que yo he hecho y así tendremos mucha más música. Yo continuaré subiendo. Hay una cosa que creo que no se puede hacer (aparte de copiarla, claro) y es clasificarla por géneros, cosa que vendría muy bien. Bueno Besitos y foto.
Dejo para otro rato contar la historia de un aria, de un anillo, del Ponte Vechio y de una tristeza. Entrepuertas y escaleras es un blog donde la melancolía suspira por su futuro.
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jueves, 28 de febrero de 2008

Excusas y huidas


Bueno, hola, esto no es un blog, es una excusa para publicar mi reproductor de música para que todos aquellos que quieran puedan escucharla. Pero ya puestos, ¿por qué no decir si no puedes callar? También podría poner alguna foto, ¿no? Esto es Entrepuertas y escaleras.




Sí, creo que un día tan señalado como hoy es un buen momento.


Nos seguimos. Besos.
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