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martes, 1 de septiembre de 2009

Alejandra Pizarnik: Los bordes arruinados.

Los bordes arruinados.
El límite natural de las cosas.
Perdido su sentido para siempre.
(Alejandra Pizarnik)
Decir que la muerte fue el último poema de Alejandra Pizarnik es muy fácil, pero no por ello hay que dejar de decirlo. Saber que se suicidó o murió por accidente es completamente superfluo porque ella ya se había suicidado con el primer poema, con el primer atisbo de ese borde arruinado que la separaba de tantos adentros y la exponía a todos los afueras.
La frontera entre Alejandra y lo que no era Alejandra rasgaba por dentro como un alambre de espinos, como una cámara de exterminio donde el ejecutor era la conciencia, el desgarro de la conciencia, de buscarse a uno mismo y verse reflejado en espejos de latón que distorsionan lo que uno quisiera ver o haber visto o haber soñado. Lo que más daño le infringió fue siempre la parte de dentro del borde.
Del borde destruido vino la opción del suicidio, la no muerte, o el no suicidio, la muerte perpetua vestida de miedo y permanencia entre las aristas. Pero esto no era una opción, era sólo la salvación de la locura del escribir para no serlo, locura, del no escribir para serlo, muerte.
El borde apareció un día en el que al mirar atrás Alejandra vio que el territorio de la infancia se había quedado yermo y sin ella, que ella se había quedado sin tierra ni futuro: ¿A dónde ir más allá de la infancia cuando tú ya no estás más allá de ti misma, cuando el único refugio a lo que no duele son las muñecas inermes?
Y ante todo esto sólo buscar el silencio, sólo querer el silencio como único poema que nos explique, que nos mantenga mirando aquellas azucenas azules que nos permitían no pensar más, no pensar más y saber que todo ya lo tenemos pensado. El silencio de lo todo dicho, de lo todo sentido, absoluto discurso de ninguna palabra.
El silencio que cauterice la extrañeza de tu imagen en el espejo de latón, de tu doble mentiroso de ti mismo, de tu mueca de payaso gritando pánico y pidiéndote perdón, de tu muñeca azul madera muerta que un día te regaló Julio cuando tú y todos y la reina de corazones ya sabíamos que andabas muerta, que morías viva queriendo ser cualquier cosa que no fuera o por lo menos que no doliera tanto. Extrañeza de ti misma y de lo extraño de ti misma rozándote un poco húmeda de flujos y lágrimas contra el borde de todas esas identidades que se te amontonan sin dejarte ser sin más.
Tú también viajaste a París, como ella, y estuviste con Julio, como ella. Tu boca y algo de su mirada se os parecen y me recuerdan que en el fondo cada palabra es la misma para ti o para ella. Doble. Espejo. París y Cortázar en el restaurante Polidor bebiendo Sylvaner ante un château saignant, ella con dieciséis años viajando en tren a París con Rayuela entre las manos y tú queriéndote bañar en el mismo baño de sangre de la condesa Báthory con la sangre de todas tus muñecas desmembradas, con la sangre de la muñeca azul que Julio inventó para ti cuando ya estabas muerta, con la sangre de la sangre de todas las magas: tú la maga del Pont Neuf, ella la la maga que disfrazaba las palabras con el color de las jacarandas y atravesaba el espejo de puntillas con las puntas cruzadas al son de la música de un anello sobre el Arno. Palabras para esconder los silencios. El silencio.
Y el eco es la coincidencia que nos envuelve y nos re-tumba en tu apartamento de Buenos Aires, allí donde el accidente o tu voluntad dejaron de escribir, en el 980 de la calle Montevideo, junto a todas tus muñecas muertas y destripadas por la tristeza, había un retrato de Cirlot, el gran enamorado de lo absoluto imposible Cirlot, ella me regaló su libro, el que buscó a Bronwyn como yo la busco a ella por la calle de París y por todas las calles con miedo a encontrarla porque ya no será ella porque ya no seré yo y esa es nuestra muerte cobarde y usada, sudada y envuelta en la mortaja triste de lo gastado y gris.
Por eso la no muerte hubiera sido tu muerte, Alejandra, por eso invirtiendo las palabras en su reflejo, volviéndolas del revés, es la única forma en que las maravillas pueden ser. Melancolía, bohemia, angustia… son los nombres de los lugares por donde nos jugamos a ser, son los espejos donde estas palabras se convierten en el vaho que ella, que tú, algún día lea, que algún día veas, y entonces, Alejandra, vuestros labios, esos labios que tanto se os parecen, se frunzan, frente al borde arruinado del espejo, con un leve recuerdo de cariño y ternura.
alepizarnik
Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.

«Los trabajos y las noches»
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Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos

“A la espera de la oscuridad”
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Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.
Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.

“Anillos de ceniza”
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La que murió de su vestido azul está cantando.
Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad.
Adentro de su canción hay un vestido azul, hay
un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado
con los ecos de los latidos de su corazón
muerto.
Expuesta a todas las perdiciones, ella
canta junto a una niña extraviada que es ella:
su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la
niebla verde en los labios y del frío gris en los
ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre
la sed y la mano que busca el vaso.
Ella canta.

“Cantora nocturna”
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y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo

“Cold in hand blues”
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10
un viento débil
lleno de rostros doblados
que recorto en forma de objetos que amar


14
El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe.


17
Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días
sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta,
se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me
lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su
espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nom-
bres creciendo solos en la noche pálida.)


33
alguna vez
alguna vez tal vez
me iré sin quedarme
me iré como quien se va


“Árbol de Diana”
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ante la lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues.
hoy te miraste en el espejo
y te fuiste triste estabas sola
y la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado
oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú
te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

“La enamorada”
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Este temporal a destiempo, estas rejas en las niñas
de mis ojos, esta pequeña historia de amor que
se cierra como un abanico que abierto mostraba a la
bella alucinada: la más desnuda del bosque en el
silencio musical de los abrazos.

“Naufragio inconcluso”
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Sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

“Poema 3”
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Mañana
me vestirán con cenizas al alba,
me llenarán la boca de flores.
Aprenderé a dormir
en la memoria de un muro,
en la respiración de un animal que sueña.

“Sombras de los días a venir”
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“El sabor de las palabras, ese sabor a semen viejo, a vientre viejo, a hueso que despista, a animal mojado por un agua negra (el amor me obliga a las muecas más atroces frente al espejo). Yo no sufro, yo no digo sino mi asco por el lenguaje de la ternura, esos hilos morados, esa sangre aguada. Las cosas no ocultan nada, las cosas son cosas, y si alguien se acerca ahora y me dice “al pan pan y al vino vino” me pondré a aullar y a darme de cabeza contra cada pared infame y sorda de este mundo.”
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«Abandono de todo plan literario. Las palabras son más terribles de lo que me sospechaba. Mi necesidad de ternura es una larga caravana. sé que escribo bien y esto es todo. Pero no me sirve para que me quieran».
Más información:
http://cvc.cervantes.es/ACTCULT/pizarnik/
Completísimo estudio del Centro Virtual Cervantes sobre Alejandra Pizarnik. No hacen falta más enlaces. Allí encontraréis información muy interesante y una completa bibliografía.
http://www.ucm.es/info/especulo/numero28/alepizar.html
Un buen estudio de Carlos Luis Torres Gutiérrez sobre su figura literaria y humana.
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Gracias y reconocimientos a mis camaradas Alber y Manolo por alumbrarme este texto en una falsaria y sabrosa no cena.
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viernes, 3 de abril de 2009

Las personas y los espejos

Son personas las que van por la calle y te miran y te ven y te dicen no deberías seguir ese camino y tú les dices es que es mi camino y ellos se encogen de hombros y siguen su camino.

Y sigues andando y ves el cartel y te paras y sigues mirando, te siguen mirando, y entras.

Al fondo del pasillo hay una mesa y detrás de ella una silla. Sentado en la silla está él. Está más delgado y su mirada ya no brilla tanto, o mejor diría que ya no brilla. Me mira. Está pálido. Está triste. No, no está triste. No es nada. Está nada. Le miro, le veo, no le conozco, ya no es él. Hace una mueca que no entiendo. Le sonrío y la sonrisa es un bloque de cemento que se nos cae a los pies y nos rompe el alma. Le digo, ¿qué tal? Me repite la mueca y me mira con toda la indiferencia de su mirada muerta. Calla y yo carraspeo y le digo estás envejecido y ya no pareces guapo, has cruzado la raya y tu cara está vencida como si tu mujer te hubiera abandonado y tú siguieras ahí, queriéndola como el primer día y yo siguiera aquí, queriéndola como el primer día.

-¿Sabes algo de ella?

-No.

Los dos callamos y recordamos la arena y sus besos y sus te quiero no me abandones nunca que nos decía a cada uno en días alternos. Los dos sonreímos de pena y yo me siento frente a él y parece que los dos nos odiemos, pero nos comprendemos.

Su pelo está blanco y lo único que nos alivia de aquellos sueños son los delirios de las palabras que se escriben solas para no pensar en ellas. La queremos y nos odiamos por odiarla mientras la seguimos deseando, mintiéndonos sus recuerdos para que no nos hagan más daño. Nos queremos los tres. Ella allá donde esté ya no nos recuerda, pero igual nos quiere.

Sonreímos. Lleno hasta el borde dos chupitos de vodka y nos los bebemos de un trago. Repetimos una, dos, tres, hasta cuatro veces. Ahora reímos y nos ponemos a llorar. Estamos borrachos. O no. Ella le decía no me dejes nunca te diga lo que te diga y a mí me decía no me dejes nunca te diga lo que te diga. Un día nos dejó.

Yo me quedé en silencio durante años, yendo cada día al trabajo, mirando cada día en el espejo mi misma cara que ya no conocía, recordando la arena, las jacarandas liras que en abril nos llevaban de paseo, sus cantos en mi oído, sus silencios tan acomodados diciéndome no me dejes nunca, su karaoke cantando bajo la lluvia, su mirada con nubes azules y sus arias de diva atormentada que sólo susurraba si estaba demasiado triste. Oh! mio babbino caro. No me dejes nunca o me tiraré al Arno. Sus llamadas a cualquier hora, su sonrisa pintada de rojo en el pasillo de esta casa, sus enfados por querer querer bien y no poder. Él se fue a buscarla y estuvo años buscando en Roma, París, Amsterdam, Chania, Berlín, Florencia, y en cualquier sitio donde su risa resonara. Estuvo a punto de encontrarla varias veces, pero siempre en el último momento sólo llegó a atisbar el olor a su perfume, white. El mismo que vaporizaba en mi cama para que él día no se me viniera encima sin ella cuando al amanecer volvía con él.

Tras todos esos años un día él regresó y se puso a dejar que el tiempo nos fuera cubriendo granito a granito como aquel reloj de arena que yo jugaba a voltear mientras ella jugaba a que nos quería. Pasó más tiempo y cayó más arena y los dos nos seguimos mirando mirar en espejos que ya no nos reflejaban. Mi trabajo es duro a veces. Sólo rutina y alguna alegría de vez en cuando. Su trabajo no tiene ninguna rutina, pero tampoco alegrías. La primera vez que nos cruzamos nos reconocimos al instante, a pesar de nuestros rostros demacrados y tristes, arenosos y abandonados. Ni siquiera nos miramos, no hacía falta. Él comenzó a andar y yo me puse a su lado y también caminé. Recorrimos todas sus calles en silencio, todas las calles por las que él caminó con ella y todas las calles por las que yo caminé con ella. Esto se repitió cada día durante las siguientes semanas. Siempre en silencio. No hacía falta hablar, nunca nos cruzamos ni una palabra. Él recordaba y yo recordaba. Desde el primer día tuvimos la misma idea, pero seguimos andando callados.

Tal y como nos habíamos encontrado un día dejamos de hacerlo. Yo seguí caminando sólo por las mismas calles durante más y más años, más y más días llenos de la misma rutina, de la misma memoria que se había quedado huérfana y sin memoria de ella aunque sus labios siguieran cantando como películas mudas, aunque su risa ya no fuera aquella risa y la gente te sigue mirando caminar y se para a indicarte el camino, un poco tristes, un poco hartos ya de que tú sigas tan perdido, hasta que de pronto hoy te pares otra vez frente al cartel y el está dentro en la silla frente a la mesa y bebáis vodka y casi no crucéis palabra y os odiéis por lo que habéis tenido y casi que os queráis por lo que habéis perdido. Quizás ella murió hace mucho o quizás nosotros hayamos muerto hace mucho y ahora estamos aquí viviendo la nada sin ella, mirándonos en el espejo con un cartel entre la barbilla y el corazón que dice "Cerrado por derribo", y con la antigua idea de que ambos somos la misma persona. Quizás a él le esté pasando lo mismo.

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A conceptual play.
Thinking to Lacan's "Mirror stage" and to Magritte "This is not a pipe". Magritte "Ceci n'est pas une pipe", which seems a contradiction, but is actually true: the painting is not a pipe, it is an image of a pipe. (In his book, This Is Not a Pipe, French philosopher and critic Michel Foucault discusses the painting and its paradox.).
This is not "me". Maybe is it a symbolic multiple "Ego"?!?...
en.wikipedia.org/wiki/Jacques_Lacan#The_mirror_stage_.28l...

La fotografía pertenece a Osvaldo_zoom, un fotografo que he encontrado en flickr y que me encanta.

Podéis visitar su página de flickr aquí: http://www.flickr.com/people/osvaldo_zoom/

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sábado, 1 de marzo de 2008

Exclusas y fluidas


Bueno, esto funciona. Os explico. Se trata de un invento para compartir nuestra música sin necesidad de vernos las caras ni frotarnos las orejas. Tenéis que pulsar en el aparatito que sale a la derecha (de la pantalla) y allí podéis escuchar la música ya sea en las play list que yo voy poniendo o de diversas formas que dejo a vuestra intuición el averiguar porque en estos momentos de la mañana no me apetece nada, nada explicar... Pero es fácil. También podéis ir a la página donde he subido la música y verla en detalle. También podéis hacer vosotros lo mismo que yo he hecho y así tendremos mucha más música. Yo continuaré subiendo. Hay una cosa que creo que no se puede hacer (aparte de copiarla, claro) y es clasificarla por géneros, cosa que vendría muy bien. Bueno Besitos y foto.
Dejo para otro rato contar la historia de un aria, de un anillo, del Ponte Vechio y de una tristeza. Entrepuertas y escaleras es un blog donde la melancolía suspira por su futuro.
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